domingo, 8 de noviembre de 2015

EL ÉXITO DEL VOYEURISMO COMO CATEGORÍA PORNO

Pongámonos serios por un momento y confesemos la verdad: como seres humanos somos curiosos por naturaleza. Cuando algo nos llama la atención nos quedamos mirándolo, sea el lugar de un accidente de coche, una discusión acalorada de terceras personas o la inminente caída de alguien que está perdiendo el equilibrio.

Nos gusta mirar, y sobre todo nos gusta mirar aquello que normalmente no vemos, lo que nos está vetado. Nada más suculento que el sexo o la desnudez de otras personas para el voyeur que todos llevamos dentro. ¿Quién no ha visto por casualidad, alguna vez, a un vecino desnudo y se ha quedado mirándolo más tiempo de lo que debería?


No es algo que se vea todos los días, y los que se convierten en auténticos voyeurs, esto es mirones ansiosos por ver “algo” -hasta el punto de que en los casos más extremos se puede hablar de parafilia o interés desmesurado que lleva incluso a que esas personas sean incapaces de disfrutar del sexo si no están involucrados objetos o situaciones concretas, en este caso la visión de una persona desnuda y/o en actitud sexual-, se obsesionan porque estas visiones sí tengan lugar todos los días.

Cuando ver a una vecina saliendo de la ducha, captar fugazmente la ropa interior de una mujer a la que se le levanta la falda por el viento o vislumbrar un pecho colgando en el escote abierto de una chica agachada no es posible por las circunstancias, el mejor aliado del voyeur son los vídeos de mirones y videos de tetonas y culonas colgados en miles en portales de internet, donde conforman una de las categorías más clásicas del sector.

Incluso el que no es voyeur –o no más de lo que lo somos todos por naturaleza- pinchará más de una vez en esta categoría para ver, incluso con una actitud humorística, qué es lo que han llegado a ver y grabar otras personas con afortunadas vistas y habilidades al alcance de solo unos pocos.

Ventanas de hoteles, de domicilios particulares, de residencias de estudiantes, cámaras ocultas en vestidores y duchas, en habitaciones de compañeros de piso, incluso en despachos de oficinas dan, según la paciencia y la suerte del voyeur propietario de una cámara, para multitud de vídeos que luego disfrutaran los usuarios de aquellas páginas donde los autores comparten estos fragmentos de clandestinidad, en algunos casos incluso rayando la ilegalidad con la filmación de personas que no saben que están siendo grabadas.

Para muchos, los que sí llegan a ver situaciones de este tipo personalmente, buena parte de la gracia está en la adrenalina del acecho, la espera, la observación de los hábitos de la “presa” y, una vez pillada y grabada para la posteridad, tras masturbarse el voyeur puro deja de tener interés en aquella persona. De hecho, el voyerismo implica la satisfacción sexual a través de la observación, sin que la “víctima” de esa observación se convierta en un objeto real de deseo sexual por parte del voyeur.

En otras palabras, el voyeur no busca, no pretende, no desea tener relaciones sexuales con la persona a la que observa, sino que se conforma con mirarla. Así, y a diferencia del resto de categorías de vídeos porno, la del voyerismo es la que acerca más a los autores y los espectadores: sin sexo de por medio, lo que ven los usuarios es lo mismo que el mirón que grabó el vídeo. No hay nada que imaginar: ven lo que hay.

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